
Expectativas versus realidad
En 2015 tuve la oportunidad de visitar China en un viaje académico. Una de las visitas que más interés tuvo para mí fue a la sede de la empresa china Zhengzhou Yutong Bus Co., Ltd. (Yutong). En Cuba crecía la presencia de estos autobuses y había muchas expectativas de, por fin, resolver el gran problema del transporte en la isla.
Desde 2005, Yutong comenzó a enviar miles de autobuses a Cuba con la promesa de modernizar el transporte público nacional. La isla entró en acuerdos que implicaban créditos de exportación, ensamblaje local, y beneficiarse de la “hermandad” chino-cubana.
El negocio parecía ideal: autobuses nuevos, soporte técnico chino, apertura a mejoras del servicio. Pero la realidad reveló otra historia. A pesar de la inversión inicial y la llegada de unidades, hoy el transporte público en muchas ciudades cubanas es precario. El parque de buses envejece, los repuestos faltan, y las guaguas están más tiempo detenidas que circulando.
La gran pregunta es: ¿por qué no ha sido sostenible lo que parecía una excelente relación para la Mayor de las Antillas?
Impagos, deudas y cautela china
El contrato de Yutong-Cuba incluía créditos de exportación otorgados por el China Export & Credit Insurance Corporation (Sinosure) y el China EximBank. Como es habitual en la isla regida por el Partido Comunista, los pagos se atrasan o nunca llegan debidamente. Se termina condonando o restructurando deudas.
La empresa china productora de autobuses tuvo que reclamar indemnizaciones por incumplimiento. La deuda de Cuba con Sinosure/Eximbank, tras las indemnizaciones de estos a Yutong, asciende a más de 100 millones de dólares.
El grave problema de impago de deudas cubanas es crónico. Es más que evidente la falta de capacidad para generar divisas, que se suma al acceso limitado a fuentes de financiamiento internacional. Se prevén, por tanto, nuevos episodios de incumplimientos.
Estas circunstancias introducen un componente de riesgo que hoy acarrea efectos: China comenzó a filtrar los negocios, a exigir garantías mayores, y ya no vemos el mismo impulso de entrega de flotas como en los primeros años. Peor aún, ya hasta los “amigos” más cercanos de Cuba, y no solo el gigante asiático, se quejan de la incapacidad del gobierno cubano para impulsar su economía y cumplir sus obligaciones financieras.
Para la isla el resultado es un bloqueo silente: la falta de pagos retrasa entregas, encarece servicios de mantenimiento y hace que los repuestos tardan en llegar. China, por su parte, mantiene su presencia en Cuba, por razones sobre todo políticas, pero el mercado cubano deja de ser prioridad frente a otros más rentables o menos riesgosos.
Flota diezmada: el gran deterioro del servicio
En los primeros años, Yutong garantizó soporte y repuestos para sus unidades en Cuba. Sin embargo, con el tiempo la cadena de mantenimiento se rompió. Muchas unidades están fuera de servicio, canibalizadas para piezas, o simplemente parqueadas sin uso.
La reducción del parque operativo significa más espera para los pasajeros, rutas canceladas, ómnibus abarrotados o sustituidos por “guaguas” improvisadas. En un país donde el transporte público es vital, la caída del servicio golpea diariamente a la población.
El gobierno cubano promociona proyectos conjuntos con China con bombo y platillo, como el de la restauración de 100 autobuses para la capital del país. Pero lo cierto es que esas medidas son simbólicas frente al problema real: no basta poner una pequeña flota a rodar cuando el resto se está cayendo a pedazos.
Vida cotidiana versus propaganda gubernamental
Mientras el gobierno cubano presume de alianzas con China y obtiene titulares de nuevos contratos, la población vive otra realidad: rutas suspendidas, esperas prolongadas al sol o bajo la lluvia, deterioro del parque que se vuelve peligroso o incómodo.
Los intereses políticos entre Cuba y China siguen vigentes. China mantiene relaciones estratégicas con la isla. No obstante, si algo observé durante mi visita al país asiático, es que el éxito en los negocios es para ellos una prioridad. Ese choque entre expectativa política y realidad operativa se traduce en la práctica en el deterioro observable del transporte público.
Los cubanos pagan la factura: el tiempo perdido en paradas, la incertidumbre de si llegará la guagua, la necesidad de gastar en alternativas de transporte mucho más costosas. Un servicio que debió mejorar y mantenerse en el tiempo sigue siendo uno de los eslabones más débiles del día a día.
Conclusión: más alianzas, pero menos guaguas en la calle
El caso de Yutong en Cuba no es solo un contrato comercial. Es un reflejo de cómo las alianzas estratégicas pueden convertirse en espejismos cuando falta la gestión, el mantenimiento y la voluntad de cumplir.
Para mejorar el transporte público en la isla no bastan los lazos ideológicos ni las buenas relaciones políticas. Hace falta que los contratos se ejecuten, que los pagos se honren, y que la flota tenga vida útil.
El transporte en Cuba transitó de sueño chino a pesadilla caribeña. Ya el país había experimentado un deterioro similar con la llegada del Período Especial tras la caída de la URSS, en la década de 1990. Los cubanos merecen un servicio que funcione, no diplomacia rodante.
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