Nota: este es un texto analítico que, sobre la base de las fuentes consultadas, intenta reflejar la actual situación de Cuba y de las relaciones Cuba-Estados Unidos sin incurrir en valoraciones personales.
Concibe algunos escenarios plausibles a partir de la evidencia disponible.
Crisis acumulada en la isla
La situación interna de Cuba sigue siendo críticamente frágil. Según el ministro de Economía, el PIB cayó 1,1 % en 2024 y la economía acumulaba una contracción de alrededor de 10 % desde 2019; añadió que los ingresos en divisas habían caído alrededor de 30 % en años recientes.
La Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) reportó para marzo de 2026 una inflación interanual de 13,42 %. En turismo, la ONEI registró 298.057 visitantes internacionales entre enero y marzo de 2026, frente a 573.363 en el mismo período de 2025. En población efectiva, la ONEI informó 9.748.007 habitantes al cierre de 2024, 307.961 menos que un año antes.
La producción energética en estado crítico
La crisis energética tiene una base estructural y se ha agravado con las nuevas presiones externas. La Agencia Internacional de la Energía (IEA por sus siglas en inglés) indica que el suministro energético cubano depende principalmente de derivados del petróleo, que representan más del 80 % de la generación eléctrica.
El 7 de mayo de 2026, expertos de la ONU afirmaron que la orden ejecutiva estadounidense de enero equivalía a “inanición energética” (energy starvation) y citaron un retraso superior a 96.000 cirugías, incluidas 11.000 pediátricas. La realidad es de apagones prolongados, interrupciones del transporte, dificultades de abastecimiento y tensión sobre servicios esenciales.
Violación sistemática de derechos humanos
Human Rights Watch (HRW), Amnesty International y Freedom House describen represión persistente, detenciones arbitrarias, restricciones severas a libertades básicas y malas condiciones carcelarias.
HRW informó que la liberación anunciada el 2 de abril de 2026 para 2.010 presos no había incluido, según los grupos que citó, a presos políticos identificados, y que más de 700 seguían encarcelados según Justicia 11J y Prisoners Defenders. Freedom House calificó a Cuba como “No libre” (Not Free) con 9/100.
Probabilidad estimada de una invasión
Mi estimación analítica es que la probabilidad de una acción militar estadounidense directa contra Cuba antes del 31 de diciembre de 2026 es baja. Un rango prudente sería de 10 % a 20 % para una demostración coercitiva muy limitada o un uso acotado de la fuerza, y de menos de 5 % para una invasión o campaña militar sostenida.
Esta cuantificación no procede de una fuente primaria. Es una inferencia analítica basada en la evidencia revisada, especialmente en las declaraciones de funcionarios estadounidenses recogidas por AP.
Se ha revelado la existencia de contactos con La Habana, si bien el contenido exacto de las reuniones no se ha revelado y los encuentros no parecen haber conducido a acuerdos. Por otro lado, Luiz Inácio Lula da Silva, tras reunirse en privado con Donald Trump, aseveró que el presidente estadounidense le confesó no tener planes de invasión.
La Casa Blanca ya dispone de instrumentos de menor costo —sanciones financieras, restricciones migratorias, presión petrolera y sanciones secundarias— que han incrementado la coerción sin asumir los costos militares de una guerra.
El riesgo no es nulo
A pesar de lo expuesto anteriormente, el riesgo no es cero. Trump ha hablado de una posible “toma amistosa” de Cuba (friendly takeover) y luego dijo que podría no ser “amistosa”.
También afirmó que Cuba podía “llegar a un acuerdo” (make a deal) o Washington haría “lo que sea que tenga que hacer” (whatever we have to do). Han tenido lugar amenazas repetidas de que “Cuba es la próxima” (Cuba is next). Trump incluso ¿bromeó? con colocar un portaaviones frente a la isla para forzar su rendición.
Además, Marco Rubio ha declarado que el statu quo en Cuba es inaceptable. Criticó el modelo económico cubano por no funcionar y afirmó que el gobierno no sabe cómo arreglarlo, describiendo a Cuba como un «estado fallido» a 90 millas de las costas estadounidenses y territorio amigo de adversarios.
Por otro lado, el 28 de abril el Senado bloqueó una resolución que habría limitado la capacidad de Trump para actuar militarmente sin aprobación del Congreso.
Horizonte inmediato
Lo que se observa de la tensión actual es un equilibrio de alta presión y negociación táctica. Washington busca, como mínimo, liberaciones de presos políticos, menor represión, cierta apertura a inversión privada y de la diáspora, y concesiones en materia de seguridad regional.
La Habana, por su parte, ha mostrado disposición a hablar sobre diferencias bilaterales y a abrir espacio a inversión de cubanos residentes en el exterior, pero ha rechazado explícitamente negociar su sistema político o cualquier otro tema interno sustancial.
Se trata, hasta ahora, de un patrón que combina sanciones crecientes y contactos limitados. No se vislumbra una ruptura diplomática total o una desescalada rápida de las tensiones. No obstante, esta situación pudiera cambiar.
Futuro próximo para Cuba
En los próximos uno a tres años, de no ocurrir eventos inesperados, puede esperarse para la isla la prolongación del deterioro económico y social, pero no necesariamente un colapso político inmediato.
Los motores de esa tendencia son claros: caída del PIB y de las divisas, turismo deprimido, dependencia energética aún de combustibles fósiles, reducción y envejecimiento de la población y emigración masiva, entre otros indicadores.
En ese marco, es plausible que el gobierno cubano amplíe aperturas pragmáticas selectivas —por ejemplo, a inversión de emigrados (ya lo anunció) y a ciertas actividades privadas— sin avanzar hacia una liberalización política sustantiva.
El principal riesgo a mediano plazo es un mayor deterioro humanitario: más apagones, mayor escasez de medicinas y alimentos, deterioro sanitario y nueva presión migratoria. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS en inglés) advirtió en abril de 2026 que una presión estadounidense mal calibrada podría empujar a Cuba hacia un punto de quiebre, con graves consecuencias humanitarias.
La ONU ya ha advertido sobre efectos en salud, alimentación, educación, agua y saneamiento. Esa advertencia no equivale a predecir un derrumbe inmediato del Estado cubano, pero sí respalda la expectativa de una crisis social más profunda si la presión energética y financiera se mantiene.