El Derecho Internacional, la democracia y la Doctrina Monroe
La frase en inglés del título significa que una acción negativa no justifica moralmente la comisión de otra, aunque sea, supuestamente, para contrarrestar la primera.
Intercalaré híper vínculos a otros textos que me permiten completar argumentos.
Lo diré con todas las letras: la captura de Nicolás Maduro viola el Derecho Internacional. Es expresión, como reconociera el propio Donald Trump, de la infame Doctrina Monroe y de las proyecciones abiertamente imperialistas de Estados Unidos.
Por cierto, queda mucho por aclarar sobre el suceso. ¿Hubo traición entre las fuerzas chavistas? Ese es otro tema.
¡Qué desfachatez es esa de que “Estados Unidos va a dirigir Venezuela”! No le asiste derecho alguno. En Venezuela hubo elecciones legítimas en 2024 y ganó, según distintos análisis no exentos de polémica, Edmundo González.
Al final, la administración estadounidense ni siquiera esconde que su interés primordial es el petróleo venezolano.
Lo más importante para los venezolanos es la restauración de la democracia, el respeto de los derechos humanos y la prosperidad a partir del control nacional de sus recursos naturales.
Pero el debate no puede quedarse ahí
Ahora bien, la realidad es compleja y los temas se entrecruzan. Una parte de la “izquierda” se detiene en el análisis que hice arriba y sella el debate.
Pero es relevante que el debate se extienda hacia otro tema: la perpetuación de tiranías en nombre de la “lucha antiimperialista” y, peor aún, de supuestos “socialismos” que poco tienen de un verdadero proyecto inclusivo, equitativo, justo, próspero, sostenible, libre de dominación y respetuoso de todos los derechos.
Entonces, esa “izquierda” es muy enérgica para condenar al imperialismo estadounidense, pero guarda silencio cómplice o trata de justificar tiranías y hasta la proyección imperialista de otras potencias.
El doble rasero de la crítica antiimperialista
Te encuentras, por ejemplo, para justificar la violación del Derecho Internacional con la invasión de Ucrania por parte de Rusia, argumentos como los siguientes:
“Los territorios hoy en disputa entre Ucrania y Rusia, en los orígenes, fueron parte del imperio de los zares, y Ucrania toma forma de Estado con fronteras y jurisdicción solo con la formación de la URSS.
“La mayoría de los habitantes de esas regiones son rusos, hablan ruso y su cultura es rusa y han sido víctimas del genocidio del gobierno fascistoide que Occidente apoyó y llevó al poder”
¡Como si repasar la historia justificara la violación del Derecho Internacional en el presente!
Es como tratar de justificar, salvando las distancias, una hipotética invasión de México contra Estados Unidos con que este le arrebató a aquel amplios territorios a mediados del siglo XIX y con que se hubieran cometido atropellos allí.
La complicidad con las tiranías
Esa “izquierda”, que condena con toda fuerza al imperialismo, mira a otro lado o no despliega igual energía en denunciar los abusos de las tiranías a lo interno y a proponer soluciones.
A menudo, increíblemente, apoyan a esos regímenes dictatoriales, les hacen el juego con críticas a medias o intentan justificar sus abusos de poder. He escuchado, por ejemplo, que “no se les puede pedir una democracia impoluta a países como Cuba o Venezuela porque viven acosados por el imperialismo”.
Esta actitud los hace cómplices de la tiranía.
La tiranía cubana
La Cuba actual es una tiranía. Analicémoslo racionalmente, sin apasionamientos.
En la isla se ha perpetuado un sistema en el que:
1. El Partido Comunista (PCC) es una minoría política que no representa a todo el espectro político actual en el país y su diáspora. Sin embargo, no hay alternancia en el poder. Esa fuerza se arroga ella misma el derecho a gobernar eternamente en solitario en nombre de un falso “socialismo”.
2. Las decisiones realmente trascendentales, como la designación de los más altos cargos, las toma la cúpula partidista del Buró Político y hasta figuras históricas que ya no ocupan altos puestos oficiales, como Raúl Castro, pero son miembros de una casta militar-partidista creada por Fidel Castro.
3. Esa única fuerza política legalizada excluye, acosa, encarcela o empuja al exilio a toda disidencia, sea de izquierda, centro o derecha, mientras practica el usufructo del poder, al otorgar privilegios, puestos, favores o ventajas a cambio de lealtades ideológicas.
4. El PCC monopoliza todos los medios masivos autorizados y no permite en ellos el derecho a réplica.
5. Se impone a la fuerza un discurso único, que es a menudo dogmático, manipulador y mentiroso.
6. El PCC controla, de hecho, todas las instituciones, la escuela, la universidad (en violación de la autonomía que se había ganado desde los tiempos de Julio Antonio Mella), la prensa, la policía, los tribunales, la fiscalía, el ejército, entre otras.
7. Los aparatos de la Seguridad del Estado se comportan como fuerzas parapoliciales que a menudo actúan al margen de la ley.
8. No existen sindicatos independientes, sino que se subordinan al Estado.
9. Se violan derechos humanos sistemáticamente, como la libertad de expresión, de prensa, académica, de manifestación, de asociación, del debido proceso, entre otras.
10. Ese poder tiránico ignora sistemáticamente los reclamos de académicos, periodistas independientes del PCC, analistas y la ciudadanía en general sobre cómo conducir el país, que esa fuerza política ha hundido en una crisis multidimensional y sistémica, mientras proyecta de forma populista y desconectada de la realidad toda la responsabilidad en factores externos, que sin duda existen pero, como demuestran diversos estudios y análisis rigurosos, están muy lejos de ser la única causa de los problemas.
El cinismo del Estado cubano
Los problemas externos de un Estado no justifican moral ni jurídica ni políticamente abusos y atropellos contra la propia ciudadanía a lo interno a lo largo de décadas.
Es responsabilidad de los Estados resolver los conflictos externos, algo que el Estado cubano no ha logrado en casi siete décadas y es parte también de su gigantesca ineptitud.
El Estado cubano ejerce un poder omnímodo que impide toda posibilidad de lucha política legal y pacífica. Es un sistema sellado en este sentido.
Y es un sistema sustentado en el cinismo, con narrativas que lo demuestran como las siguientes:
- Alega que no hay proyecto político alternativo viable, pero eso es en el fondo falso. Lo que sucede realmente es que ninguno de los proyectos que sí existen, más los que pudieran existir de no estar prohibida la oposición política, pueden legalizarse, darse a conocer en los medios públicos de alcance nacional y competir limpiamente contra la propuesta del Partido Comunista.
- Acusa de “mercenarios” a los medios masivos independientes del Partido Comunista que buscan financiamiento externo, pero lo cierto es que cualquier proyecto mediático que pretenda fundarse con fondos públicos cubanos, u otros con origen en el territorio nacional, tienen prohibido hacerlo, tienen prohibido existir. Además de que el gobierno cubano también busca financiamiento externo de distinto tipo, incluido el que le otorgan potencias afines a su política, como Rusia.
- Afirman que los problemas políticos cubanos deben resolverse a lo interno, pero la realidad es que no existen mecanismos democráticos efectivos para resolver esos problemas.
- Niegan la existencia de presos políticos, pero la realidad es que los hay por cientos, a los que se les fabrican supuestos delitos comunes para disfrazar el trasfondo político.
- Hablan de una “revolución” eterna, pero lo cierto es que se trata de un sistema inerte, muy lejos de “cambiar todo lo que deba ser cambiado”.
La responsabilidad del Estado cubano
Mientras, hay muchos cubanos sufriendo, enfermos, encarcelados por razones políticas, emigrando en oleadas, sin esperanzas, impedidos de legalizar opciones políticas alternativas, atemorizados, desarmados políticamente de forma masiva, sin poder hacer nada absolutamente por cambiar esa situación.
El Estado cubano instrumentalizó el miedo como mecanismo de terror institucional.
Entonces, no deseo una intervención militar extranjera en nuestro país, pero la tiranía cubana, por otro lado, tampoco da opción ninguna de resolución a lo interno de todos los problemas descritos en este texto. Y las tensiones acumuladas ya son gigantescas.
Si un día ocurriese tal intervención, la condenaré, pero también será una realidad inobjetable que la tiranía y sus cómplices de “izquierda” tuvieron su cuota de responsabilidad, al perpetuarse en el poder y no dejar salida democrática posible.
El derecho a la democracia
Cuanto más sólida es la institucionalidad democrática de un Estado, menos probable es que Estados Unidos recurra a una invasión militar directa contra él. No digo “imposible” absolutamente, pero sí menos probable.
No porque EE. UU. sea altruista, sino porque la democracia aumenta los costos políticos y reduce la legitimidad de la intervención.
Están a tiempo, pero se les va acabando cada día.
Mi pensamiento es de izquierda, antiimperialista y a favor de superar los graves problemas del capitalismo, pero soy ante todo democrático.
El pueblo cubano tiene derecho a decidir su propio destino. Y el pueblo son TODOS los cubanos, sin excepción ninguna por razones políticas, como quería José Martí para la república que soñó.
¿Qué hacer?
Si algo positivo tiene la nación cubana hoy, a pesar del adoctrinamiento que aún hace mella y del monopolio estatal sobre la prensa, es que se mueve el pensamiento y el debate.
Hay propuestas. Hay soluciones. Hay cubanos pensando, argumentando. Hay proyectos. Hay caminos democráticos en aras de una patria próspera y lo más equitativa posible pero también democrática.
Como yo lo veo, y dicho de manera muy sucinta, Cuba necesita:
– Un diálogo nacional.
– Reconciliación nacional.
– Un nuevo pacto social.
– Modus vivendi con Estados Unidos con respeto a nuestra soberanía, pero SOBERANÍA es, ante todo, respeto del soberano, de la voluntad y los consensos ciudadanos.
– Una Constitución realmente consensuada entre TODOS, sin dictados ni subterfugios monopartidistas.
Y eso deberíamos hacerlo, en primer lugar, porque es lo justo para todos los cubanos y nos permitiría salir juntos del pantano y recuperar la esperanza como nación.
Nota: la opinión del autor de este artículo es la suya personal y no necesariamente la de todo el colectivo de Link Cubano. Nuestro sitio es un sitio democrático de reflexión y debate y sus autores sostienen puntos de encuentro, como la democracia y no a la tiranía, pero también tenemos variadas visiones sobre determinados temas.