Narrativas impuestas desde el poder absoluto
El poder en Cuba se acostumbró durante demasiado tiempo a ostentar el monopolio discursivo. Mediante el control casi absoluto de los medios de comunicación y del sistema educativo se mantuvo durante décadas imponiendo narrativas como si fueran axiomas. A la vez, deslegitimaban furibundamente cualquier visión alternativa.
Sin embargo, la verdad es aquella que se corresponda con la realidad verificable y no con discursos que ocultan hechos, dejan fuera aristas relevantes o emplean falacias en lugar de argumentos.
El proceso político cubano se fundó sobre la base de mitos revestidos de “incuestionabilidad”. Es un ejemplo claro de lo que Michel Foucault definiría como “voluntad de verdad”, una supuesta verdad que se impone más desde el poder que desde la razón. No obstante, como mitos al fin, son en realidad refutables.
Instauración de la mitología
El asentamiento de tales narrativas mitológicas en Cuba fueron en gran medida el resultado de la emocionalidad generada por la personalidad carismática de Fidel Castro. Su liderazgo se fundamentaba en una supuesta superioridad moral “revolucionaria” que muchos asumieron. El triunfo rotundo contra un ejército muy superior -el de Fulgencio Batista- en condiciones adversas contribuyó también a la euforia y el triunfalismo.
El carismático líder concentró el poder, se perpetuó en él y demonizó todo pensamiento alternativo; se ejecutó, encarceló, desterró o demonizó a numerosos disidentes.
El control ideológico no se limitó a la imposición de una única fuerza política legalizada o al dominio de todos los medios masivos autorizados, sino también al control de toda la institucionalidad: en cada cuadra un comité, en cada centro de trabajo un núcleo del Partido, “fuerza política dirigente superior de la sociedad y el Estado”. Dondequiera que vas, pulula la propaganda partidista y “revolucionaria”.
La mitología se consolidó en la mente de muchos también porque hubo un aislamiento relativo del mundo occidental durante décadas. Eran escasas las posibilidades de contrastar vivencias e información.
Estas condiciones generaron prejuicios cognitivos muy fuertes en una parte sustancial de la población. Se suma la experiencia vivida de relativa prosperidad atribuible no a un desarrollo económico endógeno sólido, sino a jugosos subsidios y un trato preferencial por parte de la URSS y del CAME. Luego Venezuela vino en gran medida a ocupar el lugar de poderoso patrocinador externo.
Los prejuicios cognitivos en acción
Los prejuicios cognitivos se fundamentan en creencias, actitudes y prácticas que se consolidan en el individuo a lo largo del tiempo. Estas predisposiciones conducen a la irracionalidad de negar evidencias que contradicen las creencias preestablecidas, a buscar solamente información que confirma tales creencias o a interpretar información de manera sesgada para que se acomode a tales creencias.
Estos prejuicios se comparten grupalmente y se retroalimentan a lo interno de esos grupos. Es “pecado” contradecir tales creencias y quien ose hacerlo es estigmatizado, demonizado, excluido, agredido, castigado.
En Cuba lo hemos visto claramente. El gigantesco agravante es que ocurre a nivel de Estado. Ese Estado, su gobierno y el Partido se funden en una tiránica “Trinidad” clientelista que subsume a la sociedad civil y a todo el andamiaje institucional.
Si eres periodista y no piensas como ellos, quedas excluido. Si eres académico de ciencias sociales y humanidades y no piensas como ellos, quedas excluido. No hay alternativa en tu propia patria. Quedas expulsado de tus raíces, vilipendiado o encarcelado.
Los mitos
Link Cubano y las páginas personales de sus integrantes han abordado en profundidad los mitos “revolucionarios” y algunos de los más importantes pueden verse en los enlaces de referencia. Por tanto, solo mencionaré algunos resumidamente.
El primero es el concepto mismo de revolución, asumido por la tiranía como un proceso de transformación eterno hacia un supuesto socialismo por etapas que nunca llega. Lo cierto es que se trata hace mucho tiempo de un sistema conservador, que persiste en perpetuar privilegios e injusticias.
El segundo es precisamente la construcción socialista en sí. La realidad es que el neoestalinismo de una casta militar-partidista, autoritaria, excluyente, burocrática y corrupta constituye la antítesis de un proyecto genuinamente socialista.
El tercero es que Estados Unidos como Estado es el enemigo mortal de la nación cubana y “vamos a derrotarlo”. La Unión norteña es sin dudas una potencia hegemónica con claras proyecciones de dominación.
Sin embargo, ni es posible para un país pequeño como Cuba derrotarla ni es provechoso vivir en eterna confrontación con ella. La isla caribeña no es la única que debe lidiar con el comportamiento del Tío Sam.
No obstante, sí es la única en el hemisferio que se propuso derrotarlo, sin tener fuerza propia para ello. El resultado de casi siete décadas de enfrentamiento ha sido catastrófico. Pudo haberse tomado otro rumbo en 1959 en aras de avanzar en soberanía y prosperidad, sin propiciar una confrontación que, al final, nos ha colocado como nación en una posición sumamente débil.
Un tercer mito, sin ánimos de agotar una extensa lista, es la supuesta superioridad de la “democracia socialista” cubana por encima de otras formas de democracia existentes en el mundo.
Las distintas formas de democracia en el resto del mundo podrán ser defectuosas, pero la Mayor de las Antillas, durante más de seis décadas, ha estado bajo dominio de la familia Castro y la casta creada por ellos. Lo demás ha sido puro teatro.
La narrativa pseudorrevolucionaria se desmorona
El monopolio narrativo comenzó a cambiar, sobre todo, a partir de que muchos más cubanos pudimos viajar al exterior a partir de la nueva Ley Migratoria de 2014. Otro momento clave fue en 2018, cuando se vieron obligados a masificar Internet o el impacto ante el atraso tecnológico sería devastador.
Con fuerza arrolladora, la mitología “revolucionaria” contribuyó a que a la larga Cuba evolucionara hacia una distopía. No puede esperarse algo distinto de un proyecto fundamentado en tanta falsedad, ficción y fantasía.
El sistema se ha ido desmoronando hasta caer en una profunda crisis moral, política, económica, social, migratoria, demográfica y antropológica. Una crisis multidimensional y sistémica que no parece tener solución dentro del (des)orden establecido.
¿Entra la tiranía en su fase final?
Hoy no cesan las protestas en las calles. Desde las redes sociales digitales se libra una guerra de desgaste ya insostenible para la tiranía. La desconexión de la realidad de los tiranos y sus apologetas queda expuesta cada día.
Tras haberlo negado reiteradamente, el “presidente” neoestalinista tuvo que reconocer que sí estaban teniendo conversaciones de alto nivel con la administración de Donald Trump.
Dos cuestiones graves marcan el suceso. Primero, Raúl Guillermo Rodríguez Castro ha estado al frente de las conversaciones en nombre de su abuelo, el nonagenario Raúl Castro. Segundo, no se sabe a ciencia cierta qué se está conversando y posiblemente negociando a espaldas del pueblo cubano.
Sin embargo, lo que sí se sabe es que el nieto de Raúl Castro no ocupa ningún cargo gubernamental, lo que deja claro quién manda en Cuba más allá de las cuestionables “elecciones” en el marco del “poder popular”, parte del mito de la “superioridad democrática” del sistema cubano.
Y quizá lo más grave: negociar bajo agresión, amenaza o coerción viola el artículo 16a) de la propia Constitución promovida por el Partido Comunista. Y no creo que a nadie le quepa duda de que la actual administración estadounidense los tiene bajo amenaza militar y coerción económica.
Tanta ceguera política los lleva a dialogar con el “enemigo” jurado antes de hacerlo con su propio pueblo. La soberbia y los mitos de casi siete décadas no son sostenibles eternamente. La pregunta no parece ser si la Matrix tropical se derrumbará, sino si estamos ahora mismo presenciando ya su colapso definitivo.
*Nota: Matrix es una tetralogía cinematográfica de ciencia ficción. El argumento central es que la Inteligencia Artificial emerge como entidades autónomas y esclavizan a los humanos para aprovechar su energía corporal.
Para mantenerlos controlados mentalmente, los conectan a la Matrix, un espacio digital híper realista que les hace creer a los humanos que viven en el mundo real, cuando en verdad es un mundo ficticio, creado por las máquinas para ejercer el control absoluto sobre sus mentes.
Este ingenioso sistema de dominación deja de ser infalible en la medida en que más y más humanos logran escapar de él y conocer el mundo real.