La historia de Cuba ha sido narrada con mucho cuidado para generar siempre un ambiente de victimismo y poner la culpa de todos nuestros males sobre otros. Todo lo anterior a 1898 es culpa de la terrible España que nos conquistó, desde 1902 la culpa es de los norteamericanos y luego de 1959 la culpa es de la vaca. Pero hoy, estimados lectores, nos adentramos en un capítulo que los libros de texto prefieren omitir con elegante discreción: la verdadera muerte del cacique Guamá.
El Mito del Noble Salvaje Taíno
Es aquí donde el discurso propagandístico nos pone a los indígenas que ejercieron ciertos niveles de resistencia a la llegada de los nuevos habitantes, como héroes de una moralidad impoluta. Aunque se sabe muy poco de ellos y la historia apenas nos da pistas exactas, se les ensalza y encumbra solo por contradecir y culpabilizar a nuestros ancestros españoles.
El caso más significativo es el del cacique Guamá que la historia lo toma como referencia elevada del espíritu rebelde de los cubanos, aunque la presencia genética masculina de origen indígena en los cubanos es prácticamente nula, pero siempre hay algún Pérez o Hernández más taíno que nadie, anormales hay en todas partes.
Amor taino. Guamá, el tanque de Cuba
Ahora sí, vayamos al grano. Guamá dirigió una rebelión contra España entre 1522 y 1532, empleando tácticas de guerrilla que incluían ataques sorpresa y retiradas veloces. Durante casi una década mantuvo en jaque a los colonizadores españoles. Pero aquí es donde la historia oficial prefiere ponerse misteriosa y hablar de «versiones contradictorias» sobre su muerte.
La verdad, según los testimonios de prisioneros interrogados por el gobernador Manuel de Rojas, es considerablemente menos épica y mucho más… digamos, telenovelesca.
Resulta que nuestro héroe patrio tenía el indio alegre a flor de piel y dispuesto a encajar su lanza donde pudiera. Específicamente, en la mujer de su hermano. Según las fuentes históricas más aceptadas, Guamá había raptado a la esposa de su hermano Guamayry, presumiblemente porque consideró que el derecho de pernada no era exclusivo de los españoles. Cosas de este tipo ocurren, al menos una vez, en todas las familias.
Somos dos hombres con un mismo destino
Guamayry aguantó mientras pudo. Desde que su hermano le estaba dando areito hasta abajo a su mujer, la vida nunca volvió a ser igual. Comprensiblemente molesto por este detalle familiar, decidió que había llegado el momento de solucionar el asunto de la manera más directa posible. Mientras Guamá dormía plácidamente, se arrastró hasta su conuco y con su macana le propinó tal tajo en la cabeza que se liberaron todas las malas ideas de Guamá de un golpe. En el taíno antiguo existía una palabra muy específica para este tipo de resolución de conflictos: vulgarmente se conocía como «Bajanda». Y así, sin más, pasó a la historia Guamá.
No murió resistiendo heroicamente a los españoles. No cayó en combate defendiendo la libertad de su pueblo. No fue ejecutado por los colonizadores. El gran cacique, el símbolo de la resistencia taína, el héroe inmaculado de nuestra narrativa nacional, murió bajo la furia de su hermano constituyendo así el primer ataque de tarros documentado de la historia cubana.
Cuando las cuadrillas españolas finalmente encontraron su palenque en 1532, solo hallaron cuatro hombres y tres mujeres que les contaron la jugosa historia del drama familiar. Los españoles, que venían preparados para un gran combate final, debieron sentirse entre decepcionados y aliviados de que el trabajo sucio ya estuviera hecho.
La próxima vez que alguien les hable con lágrimas en los ojos sobre el heroico cacique Guamá, recuerden que murió no como mártir de la libertad, sino como víctima de un clásico triángulo amoroso caribeño. Porque al final, la historia de Cuba siempre ha sido más complicada, más humana y más cómica de lo que los propagandistas quisieran admitir.