Si hablamos de Cuba, si queremos explicar el porqué “la cosa” sigue igual, hablemos de Síndrome de Estocolmo y también del de Stephen Candie y el del Esclavo Satisfecho, para empezar a entender el Daño Antropológico en una de las dinámicas más difíciles de las Ciencias Sociales del mundo de hoy.
Jon Kokura describe el «Síndrome Stephen Candie» como metáfora para los trabajadores que defienden intereses y privilegios de sus patrones con más fervor que los propios patrones. Se basa en el personaje de Stephen en la película «Django sin cadenas»: un esclavo negro identificado totalmente con su amo blanco que desprecia a los de su raza.
El síndrome se manifiesta en trabajadores que se identifican fuertemente con el patrón y actúan como si pertenecieran a la misma clase social, ignorando su condición de trabajadores. Por eso mismo defienden los privilegios del dueño, se oponen a cualquier iniciativa que los amenace, incluso yendo contra de los intereses de los suyos.

CUÁNDO SUFRES EL SÍNDROME DE STEPHEN CANDIE?
Los aquejados por el Síndrome de Stephen Candie son serviles, sumisos y aduladores, buscando agradar y complacer siempre al jefe. Su satisfacción por el bienestar del patrón hace que su estado de ánimo dependa del humor de aquel y se benefician de la explotación de su mismo estatus.
Desarrollan hostilidad hacia sus iguales, denuncian, despiden o dificultan la organización de otros, especialmente los que quieren mejorar y hacen lo necesario para ello.
En resumen, el «Síndrome Stephen Candie» describe una forma de alienación y traición a la propia clase, donde algunos individuos internalizan y defienden ideología e intereses de quienes los dominan, actuando como sus más fervientes defensores dentro del propio colectivo al que, supuestamente, pertenecen.

EL SÍNDROME DEL ESCLAVO SATISFECHO
Otro que se emparenta y refleja el estado de cosas en Cuba es el Síndrome del Esclavo Satisfecho: ni más ni menos que la aparente satisfacción de una persona en situación de sumisión o abuso, a pesar de su insatisfacción interior. Para comprenderlo, hay que explorar los mecanismos psicológicos detrás del mismo.
Los que sufren este síndrome se adaptan a situaciones difíciles para sobrevivir. Aparentemente lo aceptan todo y suprimen emociones negativas, generadas por la situación, pero lo que hacen es adaptarse. También experimentan cognición disonante, o más claro: pensamientos contradictorios. Justifican/minimizan su propio sufrimiento para reducir la tensión emocional. Se convencen de que todo “no es tan malo como parece”.
Y no menos importante es la dependencia emocional, pues la necesidad de aprobación y aceptación puede llevar a las personas a permanecer en situaciones perjudiciales para recibir validación, incluso si representa someterse a abusos o explotación.

¿CÓMO VIVE UN ESCLAVO SATISFECHO?
Permanecen en la fuente del abuso, incluso si continuamente les daña. Se resignan a continuar con el grupo o situación que les genera sufrimiento o malestar. Racionalizan el sufrimiento, lo justifican, convenciéndose de que es necesario o merecido de alguna manera. Esto implica autoengaño para sobrellevar la situación.
Se resisten al cambio, la sola idea de abandonar la situación de abuso o explotación genera miedo y resistencia, ya que el cambio se percibe como amenaza. Se vuelven incapaces de gestionar el cambio y tomar decisiones, lo que se conoce como abulomanía.

LAS CONSECUENCIAS DEL SÍNDROME DEL ESCLAVO SATISFECHO
Cuando alguien se siente atrapado en esta dinámica, puede tener un impacto significativo en su bienestar emocional y mental a largo plazo. La negación de su propio sufrimiento y la supresión de emociones pueden llevar a ansiedad, depresión y baja autoestima. Además, depender de la fuente de abuso puede perpetuar la victimización.
Recuperarse implica reconocer valor personal y dignidad, aprender a establecer límites. Superarlo y recuperar el bienestar implica identificar, reconocer y validar emociones y sentimientos. Ante todo hay que reconocer y entender que está bien sentirse incómodo, infeliz o atrapado en una situación dañina.
Algo importante; si no lo más; es saber o aprender a poner límites. Define lo que deseas y apunta a ello. Aprende a decir «no» y establece límites saludables en tus situaciones.
Entonces, cuando una ciberclaria te ataca, lo hace no solo porque lo tiene asignado como tarea, sino también porque te ve como amenaza a su patrón, a su estatus quo, a su relación tóxica y dependiente con el poder/patrón/jefe de la que no puede liberarse, a menos que reconozca el daño que le causa.
Entonces, por eso al hablar de Cuba, hablemos de Síndrome de Estocolmo del viejo Stephen Candie y del Esclavo Satisfecho, y sobre todo, de Daño Antropológico para empezar a entender una de las dinámicas más difíciles de las Ciencias Sociales en el mundo de hoy.