El despliegue del portaaviones más poderoso del mundo eleva las tensiones con Venezuela mientras los aliados occidentales suspenden su cooperación de inteligencia
El portaaviones USS Gerald R. Ford, la joya más costosa y letal de la Armada estadounidense, arribó este martes a aguas del Caribe, marcando el despliegue naval más significativo de Estados Unidos en la región en medio siglo y elevando dramáticamente las tensiones con el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela.
El mayor despliegue en 50 años
Con un costo de 13,000 millones de dólares y capacidad para transportar 5,000 efectivos militares y 75 aeronaves de combate, el Gerald R. Ford se suma a una flota que ya incluye tres destructores, transportes anfibios y un submarino de propulsión nuclear. En total, aproximadamente 15,000 tropas estadounidenses están ahora desplegadas en el teatro de operaciones caribeño, superando incluso las invasiones históricas de Granada y Panamá.
«La presencia del USS Ford reforzará la capacidad de Estados Unidos para detectar, monitorear e interrumpir las actividades y los actores ilícitos que comprometen la seguridad estadounidense», declaró Sean Parnell, portavoz del Pentágono, reiterando la narrativa oficial de que las operaciones están dirigidas exclusivamente contra el narcotráfico.
Venezuela responde con movilización masiva
Sin embargo, la llegada del portaaviones ha desencadenado una respuesta militar sin precedentes en Caracas. Maduro ordenó la activación del «ejercicio popular, militar y policial de despliegue de fuerza Independencia 200», movilizando 200,000 efectivos militares y poniendo en alerta máxima todos los sistemas de defensa aérea rusos instalados en la costa venezolana. «¡Estamos listos para defender la patria en cualquier terreno y bajo cualquier circunstancia!», declaró el mandatario venezolano, quien considera que el despliegue estadounidense busca un cambio de régimen y no la lucha contra las drogas.
Aliados rompen con Washington
La campaña militar estadounidense ha cobrado ya un alto precio humano. Hasta el momento, 76 personas han muerto en 19 ataques contra embarcaciones sospechosas de narcotráfico, operaciones que la administración Trump justifica como acciones contra el «Cartel de los Soles», supuestamente integrado por militares y funcionarios venezolanos.
Pero la estrategia de Washington enfrenta una creciente resistencia internacional. En una ruptura histórica, el Reino Unido suspendió el intercambio de inteligencia con Estados Unidos sobre embarcaciones sospechosas en el Caribe, negándose a ser «cómplice» de lo que considera ataques militares ilegales. Francia expresó públicamente su «preocupación» por las operaciones realizadas «en desprecio del derecho internacional», mientras que Canadá y Colombia también han distanciado sus posiciones.
Rubio minimiza críticas mientras el Congreso se divide
El Secretario de Estado Marco Rubio, en la reciente reunión del G7 en Canadá, minimizó las preocupaciones aliadas y calificó al régimen de Maduro como una «agencia narcoterrorista». Cuando se le preguntó sobre posibles operaciones terrestres en Venezuela, Rubio evitó especificar pero advirtió que Estados Unidos tomaría medidas contra los cárteles «dondequiera que estén operando».
El Congreso estadounidense también muestra divisiones. El Senado rechazó por escaso margen una resolución bipartidista que habría requerido aprobación legislativa para acciones militares contra Venezuela, permitiendo que Trump continúe operando con amplios poderes ejecutivos. Solo dos republicanos votaron con los demócratas.
Mientras el Gerald R. Ford surca aguas caribeñas, la pregunta ya no es si habrá escalada militar, sino cuándo y hasta dónde llegará. Con bombarderos B-52 realizando sobrevuelos cerca de territorio venezolano y Trump confirmando operaciones encubiertas de la CIA dentro del país, el Caribe se ha convertido en el escenario de la confrontación más peligrosa entre Estados Unidos y un gobierno latinoamericano desde la Guerra Fría.