La traición al ideal mismo de una sociedad mejor
Los que usurpan el poder en Cuba se dicen «comunistas». Sin embargo, son realmente neoestalinistas, una mancha oprobiosa en la historia de la izquierda internacional, como lo fue Stalin mismo.
Manejan a Cuba como su finca privada, incluido el espacio simbólico. Deciden, unilateral y arbitrariamente, quién es el «enemigo» del país, quiénes son o no patriotas, quién es «gusano», «traidor», «mercenario» o, por el contrario, «revolucionario».
Lo cierto es que la evidencia indica que, menos «revolucionarios», son ellos los merecedores de al menos algunas de las etiquetas peyorativas que les atribuyen a otros. Por ejemplo, el proceso que ellos y sus antecesores han liderado ha traicionado los más genuinos ideales socialistas.
Lo anterior puede constatarse desde la minuciosa investigación académica, tanto dentro la filosofía política como desde estudios de economía política.
Mi señalamiento no es nuevo ni mucho menos. El proceso recibió contundentes críticas desde la izquierda a partir del momento mismo en que incurrió en su giro autoritario. Véase, por ejemplo, el revelador libro de Sam Dolgoff titulado “La revolución cubana. Una perspectiva crítica”.
¿Quién es el verdadero enemigo de la nación cubana?
La retorcida ideología de los neoestalinistas cubanos es la verdadera enemiga de la nación cubana.
No solo han reprimido, demonizado o empujado a abandonar la isla a cientos de miles de cubanos en nombre de una falsa «revolución socialista», sino que desfiguran la historia a diario, mienten desvergonzadamente y violan derechos fundamentales como la libertad académica, de expresión, de prensa, de manifestación, entre otras.
Es muy llamativo que los neoestalinistas cubanos están acudiendo cada vez más a la posverdad y a la proyección.
La posverdad es, dicho sucintamente, falsear la realidad de manera desfachatada, bajo la justificación de una supuesta relatividad que no es tal en este caso. Se aducen supuestas «verdades alternativas» que no son más, en realidad, que mentiras disfrazadas.
La proyección, por su parte, es un mecanismo de defensa de la psiquis, expuesto por el psicoanálisis. Consiste en culpar o atribuirles a otros lo que en el fondo se percibe como una falta propia. Así, el sujeto se protege del malestar que provocaría reconocer conscientemente su propia responsabilidad.
La guerra cognitiva
Los neoestalinistas y sus simpatizantes hablan con frecuencia de una «guerra cognitiva» que el enemigo les hace. Lo cierto es que ellos también libran esa guerra activamente y la libran contra su propia gente, contra los cubanos.
Su participación proactiva en esa guerra presenta rasgos como los siguientes, sin ánimo de agotar la lista:
- Represión física, jurídico-penal y psicológica de la disidencia.
- Control absoluto de los medios públicos autorizados a operar en la isla, por lo que no permiten el derecho a réplica desde esos medios de alcance nacional.
- Demonización de todo discurso opositor de medios independientes del PCC y redes sociales digitales.
- Presumible sabotaje de cuentas de líderes de opinión.
- Corte del servicio de Internet ante tensiones sociales.
- Homogeneización de toda disidencia o, dicho en buen cubano, colocación de todos en el mismo saco de «contrarrevolucionarios», «traidores», «vendepatrias», «mercenarios», «lacayos del imperio», así sean más marxistas que ellos.
- Narrativas incompletas y altamente segadas que tratan de imponer a toda la sociedad civil, mediante la censura, la presión hacia la autocensura y el control monopartidista de lo que Althusser denominó aparatos ideológicos del Estado: escuela, universidades, medios masivos, entre otros.
- Proyección recurrente de la culpa en los otros y evasión de responsabilidades propias.
- Falacias y negación flagrante de las evidencias disponibles.
En este último rasgo es donde entra la posverdad, que tanto le atribuyen a Donald Trump, cuando ellos hacen lo mismo.
Insensibilidad y maltrato
Un reciente episodio de posverdad fue la reacción ante la denuncia en redes del despotismo del presidente del país contra una señora afectada por el huracán Melissa.
El incidente quedó grabado. La evidencia de su autoritarismo, insensibilidad, maltrato y hasta guapería fue clara. Ante la denuncia en redes, «había que salir a limpiar la imagen del presidente».
Allá fueron los soldados de la guerra cognitiva neoestalinista a tratar de justificar lo injustificable, como puede verse en las imágenes.
En algunos casos, acudieron a la desfachatada posverdad, como el que colocó la transcripción de toda la interacción del presidente para supuestamente «contextualizar». Ante todo, la transcripción escrita no muestra el tono, la gestualidad, la actitud mostrada en el momento.

Segundo, si bien a menudo contextualizar es positivo, en este caso concreto no refuta que el presidente haya proyectado una pésima actitud en una parte de su interacción con la ciudadanía.
Ese mismo texto también señala que se trata de «propaganda anticubana». Nótese cómo secuestran nuestro gentilicio para singularizar a su grupo ideológico: «si no apoyas a Canel y su partido tiránico, no eres cubano; eres anticubano». Tal singularización es un crimen político que debería ser juzgado en órganos internacionales.
Ideólogos del neoestalinismo
Luego sale otro, que no es primera vez que habla sin evidencias, y acude a una generalización no verificada (falacia). «El pueblo lo quiere, lo admira», dice.

¿Tendrá estadísticas fiables que demuestren que el «pueblo» lo admira y lo quiere?
¿Querrá de verdad un pueblo entero a un gobernante que no ha legado más que indicadores económicos y sociales de un país en crisis multidimensional y sistémica, sin horizontes creíbles de recuperación?
Otro de los mensajes de “desagravio” muestra al presidente como un titán infatigable, recorriendo laderas escarpadas. Intenta justificar el evidente fracaso con que “la tarea ha sido difícil”. ¡Todo un mensaje épico!

Sin embargo, la dura realidad lo que muestra es un país destruido en aspectos fundamentales:
- Inflación desenfrenada.
- Sistema energético e infraestructura en general en gran medida colapsados.
- Brotes epidemiológicos y graves problemas de higienización por doquier.
- Malnutrición.
- Migración masiva o ansias de partir.
- Deuda externa que se acumula una y otra vez.
- Desincentivos en la producción.
- Una clase política insensible, incapaz y soberbia… y mucho más.
Mitos insostenibles
Otro de los soldados de la guerra cognitiva afirma que el hombre «se esforzó» y llegó a presidente; «es heredero de Martí… un eslabón necesario en una cadena de sueños y luchas».

¡Cómo va a ser heredero de Martí el jefe de un Estado que viola valores y principios fundamentales del pensamiento martiano, como el deber de todo hombre honrado de expresar lo que piensa sin temor a represalias!
¡Cómo va a ser heredero de Martí el jefe de un Estado que excluye, demoniza, reprime, encarcela o expulsa del país a quien disiente!
¡Cómo va a ser heredero de Martí el máximo representante de un régimen dictatorial, cuando Martí abogaba por la plena participación e inclusión, por una Cuba con todos y para el bien de todos!
De hecho, Martí tiene textos donde critica severamente esa forma de «socialismo» autoritario que el Estado cubano encarna hoy y que se predibujaba como posibilidad en el horizonte temporal del Apóstol.
El usufructo del poder
Díaz-Canel está en ese puesto porque fue designado, porque demostró lealtades incondicionales a la casta militar partidista, neoestalinista y burocrática fundada por Fidel y Raúl Castro.
No está ahí por esfuerzo legítimo ninguno. No está ahí por amor ni admiración de pueblo alguno. El pueblo no lo eligió, porque es la casta militar partidista, que tiene empobrecida a la clase trabajadora, quien lo «preaprobó».
Si tuvieran vergüenza, ante tanta depauperación bajo su mandato, el actual gobierno renunciaría a su cargo en pleno. No dimiten porque la casta les da el espaldarazo y los mantienen en su seno.
No renuncian, además, porque un régimen tiránico, como el que el presidente y su equipo representan, no dispone de mecanismos democráticos efectivos para que la ciudadanía ponga fin a su mandato.
Mientras, como todos de la casta, se benefician del usufructo del poder. Por ejemplo, llevan a sus esposas, sin que ocupen ningún cargo oficial, a pasear al extranjero, donde hacen gala de lujos y privilegios indebidos.
Despotismo no ilustrado
Volviendo al caso del maltrato contra la señora afectada por Melissa, para colmo, la ciudadana luego es filmada «resarciendo daños».
Por lo que se ve en el video, la señora parece expresar lo que genuinamente siente y piensa, pero eso no borra el maltrato que sufrió a manos del presidente. Al contrario, si tratan así a los «leales» a Fidel, ¡qué puede esperarse para los demás cubanos!
Este caso es apenas un ejemplo del despotismo no ilustrado del neoestalinismo cubano.
Se trata, no obstante, de comportamientos recurrentes por parte de una casta política autoritaria, abusiva e hipócrita. Esa casta militar partidista ha mantenido secuestrada durante décadas a la Mayor de las Antillas en nombre de una supuesta «revolución» permanente y de un más que falso ideal «socialista».