Para abrir un local en el extranjero se requiere valentía, capital, y una paciencia a prueba de cualquier obstáculo. Y si el tema es tan vibrante como Cuba y el lugar es Asunción, Paraguay, la travesía se vuelve una verdadera odisea cultural.
“Oye Chico Bar”, un espacio cubano con sabor a esa “Azúcaaa” de Celia Cruz y ritmo de salsa, se levantó en medio de la avenida Mariscal López; la más importante de la capital paraguaya, lidiando con el calor, la idiosincrasia y, sí, la temida sombra de “lo que pudiera pasar”.
No falta el rincón de nuestra amada «Cachita», la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de todos los cubanos, ni las fotos del Benny Moré, o de Celia, o el espacio para las maracas, el bongó y cuanto elemento evoque a la Mayor de las Antillas desde que llegas.
Hoy en día es el único de su tipo en Asunción, un sitio que, además de sabor y ritmo, lleva impreso el sello de resiliencia y ganas de hacer del cubano, la impronta de lo que es capaz cuando tiene la oportunidad de explotar sus potencialidades y talentos, cosa que por ahora, y casi en exclusiva, solo puede hacer en tierra extraña.
Entre Malecón, tinajones y tereré, llegando de improviso.

Oye Chico es fruto de la perseverancia de Carlos Carrera, un cienfueguero con raíces camagüeyanas que llegó al Paraguay hace ya una década. “Llegué a Paraguay el 16 de junio de 2015; realmente mi destino final era Estados Unidos; cuando aquel Ecuador tenía libre visado y los que me sacaron me estafaron”.
“Me hicieron venir desde Ecuador para, supuestamente, desde acá pasarnos para el norte, pero todo fue una estafa. Entonces, me tuve que quedar en Paraguay por obligación, pero luego me fue gustando y, además, conocí a mi actual esposa, formé una familia y… acá me quedé definitivamente”.
“Oye Chico Bar surge de mi idea de siempre. Me dediqué a la gastronomía y sobre todo la coctelería desde que estaba en Cuba. Allá fui asesor y gerente de algunos restaurantes privados (conocidos como “paladares”), incluso en el último llegué a ser socio minoritario, pero luego me fui”.
La idiosincrasia paraguaya es el primer obstáculo para cualquier negocio que implique baile y celebración. La forma de interactuar y bailar es muy diferente a la del Caribe. La gente es más reservada al principio y, aunque hubo locales precedentes, el reto mayor siempre ha sido “cubanizar” la noche asuncena, para hacerla bailar.
Siempre es difícil hacer que la pista “se caliente”, pues la mayor parte de las veces, es preciso que una o varias parejas la ocupen, para que el resto se decida a bailar. Y aunque siempre son más los que “miran los toros desde la barrera”, cuando la noche se alarga, todos se divierten y la pasan bien en “Oye Chico Bar”.
Creciendo desde abajo y creando su legado en Oye Chico
“Acá en Paraguay fui creciendo, empecé a trabajar como jefe de barra en un local y de ahí, cuando empiezan a verme, todo el mundo me pedía que les enseñara, empecé a salir en la televisión y surge mi primer emprendimiento que fue la “Academia Paraguaya de Coctelería”, gran negocio en el que me fue muy bien”, afirma Carrera.
“Gracias a esa experiencia, entré en varias barras móviles, como bartender, hasta que hice la mía propia que se llama Caribbean Coctails. De esos emprendimientos surgió el capital para crear Oye Chico Bar, con el que concreté mi sueño de toda la vida, que es tener un local propio”.
A pocas cuadras de la ciudad de San Lorenzo (una de las que conforman el Área Metropolitana o Gran asunción) sobre la avenida más importante y concurrida de la capital paraguaya, Oye Chico Bar deslumbra con su presencia atípica y discordante. Las imágenes de Celia Cruz y el Malecón de La Habana adornan su fachada, provista de una especie de balcón en el que también se sientan los clientes.
Ya se han hecho tradicionales las noches de clases gratuitas de salsa y bachata, con las que Carrera ha ido incrementando el número de habitués y conseguido que casi toda la semana, incluyendo domingos y exceptuando lunes, el local permanezca abierto y con buena cantidad de mesas ocupadas.
El personal que atiende, en su mayoría mozos y mozas cubanos y venezolanos, contribuyen a hacer del ambiente algo agradable y que invita a llegar y permanecer, casi siempre hasta que se cierran las puertas cerca de las tres de la madrugada.

Apuntando al éxito con ganas de hacer algo distinto
“Oye Chico lleva casi cuatro años ya. Inicialmente costó mucho llevar la cultura cubana al público paraguayo, que es muy particular, pero gracias a Dios hoy lo hemos logrado. Básicamente Oye Chico Bar surge porque queríamos crear un espacio donde las personas mayores de 30 años tuvieran un lugar donde ir, que se escuchara otro tipo de música y con otro ambiente”, apunta Carlos.
“Es sabido que en las discotecas se oye y baila cumbia, reguetón y que su público generalmente es otro tipo de cliente y más joven, haciendo que a las personas de más de 30, con pareja formal y demás, les sea difícil la estancia allí. Entonces creamos este ambiente latino, con música salsa, merengue y bachata para este público”.
Una de las cosas más importantes a la hora de crear un espacio como Oye Chico Bar es el respeto por el horario paraguayo. En este país la cena y la salida son tardíos. Abrir y funcionar acorde con esos horarios es vital. Otra cosa es adaptar las comidas y los tragos a los gustos locales, sin perder la esencia de la cubanía.
El sándwich y las picadas cubanas deben llevar toque de mandioca (yuca) frita, los tragos deben priorizar la mezcla con las excelentes frutas tropicales de la zona. Pero lo esencial es la música: ese toque distintivo es sagrado, con el Son, la Timba, la bachata y el merengue como ejes.

Creando un espacio cubano en la noche asuncena.
Hay un aspecto medular a tener en cuenta para abrir un local como Oye Chico: la idiosincrasia paraguaya que incluye hacer suyo un espacio donde es bien atendido y que al conocerlo, recomienda siempre. Una vez cómodo, el paraguayo es el mejor cliente del mundo, incluyendo familiaridad.
“El trabajo inicial fue hacer que la gente se enterara y, una vez logrado, ya hemos conseguido una clientela fija, porque es de los pocos lugares en Asunción en que puedes ir y sentirte tranquilo, rodeado de personas de la misma edad y con hábitos y gustos afines, e incluso ahora también muchos jóvenes nos prefieren”, enfatiza Carrera.
«Yo formé una familia en Paraguay, mi esposa y dos hijos son paraguayos. Al principio el choque de idiosincrasias provocó situaciones a mares, mi esposa por supuesto, habla guaraní y “yopará” (mezcla del castellano con el idioma guaraní) por lo que costaba a veces entendernos.
Hubo veces en las que yo le decía algo y ella entendía otra cosa y lo mismo me pasaba a mí porque en el guaraní hay muchas palabras que se parecen o suenan casi igual, pero significan cosas totalmente distintas… pero hoy en día ya no pasa, porque ella conoce mis frases y yo las de ella, así que realmente ya no hay problemas. Pero al principio el tema de las comidas, los horarios, las costumbres… costaba”.
Tal como con la familia, es en Oye Chico Bar, donde cada noche es oportunidad de conocer nuevos clientes y atraerlos con la magia de la atención y la música del Caribe, la magia de “sentirse en un pedacito de Cuba en el propio corazón de Asunción”, para que vuelvan cada semana a bailar, a comer o simplemente a “ver los toros desde la barrera” con la pista llena de bailadores evolucionando.

Oye Chico Bar, convirtiendo la noche de Asunción en una caribeña
“Levantar un negocio en Paraguay no es fácil, aunque tampoco tan difícil. Lo más importante es proponértelo y poner empeño y constancia. Más que todo, hay que tener confianza en el proyecto que emprendes”, afirma Carlos Carrera mientras observa satisfecho la pista colmada de gente, bailando al compás de la música de Leoni Torres.
“Hay que tener conocimiento real de lo que hagas, hacer un buen estudio de mercado y, lógico, tener el dinero. Paraguay te permite empezar desde abajo, tiene eso… gracias a Dios, da oportunidades de empezar de cero, proyectándote y crecer de a poco. Es difícil al principio, como todo, pero una vez que agarra impulso, que te das a conocer y la gente confía en ti, le gusta tu proyecto, ya camina solo, Dios mediante”, sentencia Carrera.
Y la noche parece darle la razón: en varias mesas celebran cumpleaños, cuyos homenajeados reciben obsequios del local (tazas subliminadas con motivos del bar y cubanos y tortas con velas), otros se unen a una profesora de bachata que muestra los pasos básicos y enseña otros de ese sensual baile, mientras desde todos los rincones varios clientes filman con sus teléfonos y beben cervezas y tragos.
Oye Chico Bar se ha convertido en escuela de baile y espacio ideal para pasar una noche divertida, donde el sabor y ritmos conforman un legado de Cuba que se ha insertado en el corazón paraguayo, fluyendo al compás de la salsa, por la mayor arteria de Asunción.