
El Boby está liando en el bolso las pocas piezas de ropa con los panes duros, galletas y par de latas de spam y solo le falta sacar del congelador los “pepinos” (botellas plásticas de refrescos). El bolso de lona largo que usa normalmente para sus jornadas de pesca, esta vez rendirá otra travesía, mucho más larga y… quizás sin retorno, pero hace mucho que las esperanzas ya no vuelan, solo flotan en la imagen de olas rumbo al Estrecho de la Florida.
Roberto A., conocido por “El Boby”, ya casi termina su tarea y no puede evitar quedarse absorto mirando sus ventanas. Siempre lo sorprende esa vista “de lado a lado” de su viejo edificio en la calle Genios entre Consulado e Industria: por una se ve un trozo del Malecón con el mar y por la otra una imagen del movimiento del Paseo del Prado (ahora Paseo Martí).
Un ruido de tumulto lo hace saltar y en la puerta asoma la figura del mulato Abilio, todo sudoroso, que le grita a bocajarro: “¡Asere, se jodió esto, la fiana (policía) está en el malecón y la gente se tiró pa’ la calle! Bobby lo mira perplejo, asimilando la noticia. La gritería y el tropelaje (alboroto) de cientos de personas penetran por las ventanas y una ola de euforia le hace empujar al mulato por las escaleras abajo, uniéndose ambos al río humano que baja por las calles hacia el Malecón Habanero.
Es el cinco de agosto de 1994, en La Habana, Cuba. Ha empezado “el Maleconazo”
El Preámbulo
Cuando en 1991 se desintegra la URSS, Cuba pierde el 80% de su comercio y el mayor sostén de su economía. Tras treinta años de subsidios constantes, combustible barato y apoyo, aunque sin eliminar carencias ni racionamiento, la isla entra en lo que Fidel Castro anuncia como “Período especial en tiempo de paz”, con una economía casi inexistente, pero que ahora se desangra por horas.
Los cubanos dicen que todo “está perdido”; una forma coloquial y muy propia de ilustrar que todo escasea: la comida, las medicinas, el transporte, la ropa… Los apagones por la falta de combustible para abastecer el paupérrimo sistema de generación eléctrica son tan constantes y extendidos que la gente habla de “alumbrones”, por las pocas horas de suministro con que cuentan.
Por otro lado, la cúpula dirigente del país mantiene sus privilegios y la imagen entre esta y la población se va haciendo incomparable, como la distancia que los separa: se pide más sacrificio al cubano común, mientras los jefes permanecen ajenos en buena medida a la austeridad y las carencias y culpan de todo al embargo y las agresiones de Estados Unidos. La gente se va hartando.
Boby, el Hartazgo y el Maleconazo de 1994 en Cuba
Escapar en balsa o embarcaciones de la isla ha sido una constante cubana desde hace décadas y las crisis migratorias para irse hacia Estados Unidos se suceden en el tiempo. Camarioca y el Mariel fueron muestras previas de cómo el régimen de Castro usaba las crisis como válvula de escape para controlar el país, cuando los reclamos por las constantes carencias subían de tono.
Boby es uno de los miles de cubanos inconformes que un día decidió que “solo tenía una vida y no era para echársela sufriendo”. Residente hoy en Boston, Massachusetts, recuerda cómo fraguó un plan junto a cinco de sus amigos, para construir una balsa y “largarse de ese infierno”. Sabían que corrían peligro, desde ser delatados y detenidos durante la construcción del artefacto, en el trayecto hacia el mar o ya incluso navegando.
“Las 90 millas, los tiburones, la mar con sus traiciones y los guardacostas americanos eran los líos que menos nos importaban. La cosa era irnos pa’l carajo de Cuba”, dice Boby con una risa triste, para a continuación agregar: “Y teníamos clara la película de lo que nos podía pasar si los guardafronteras (patrulla costera) nos agarraban. En julio habían hundido el remolcador 13 de Marzo, matando a una pila de gente. A esos hijos de puta no les importaba nada”.
Reiterados intentos de salidas ilegales del país incluían el secuestro de embarcaciones como la “lanchita de Regla”, que unía a través de la bahía a ese ultramarino pueblo con la capital; y el propio remolcador 13 de Marzo, añeja embarcación tomada por decenas de personas, hundida por los impactos de otros remolcadores enviados en su persecución, a siete millas de La Habana. Sobrevivientes del 13 de Marzo relataron ser agredidos con chorros de agua a presión y luego del naufragio, no recibir ayuda.
El Estallido En Primera Persona
“El 5 de agosto estábamos preparando todo para “pirarnos” (irnos), cuando vemos a una bola de gente salir pa’l Malecón gritando cosas que hasta ahí se decían en bonche (broma) o muy bajito. La gente gritaba “Libertad”, “Abajo Castro”, “Abajo la dictadura”… y por el camino, vi a algunos rompiendo vidrieras, saqueando las tiendas en divisa y tirándoles piedras o entrándole a palos a los policías”.
“Al principio había bastantes agentes, pero casi todos en el Malecón. Se había regado que un barco vendría a cargar ahí pa pirarse y la gente, cuando ve el operativo, ya se ‘tiró pa’l solar’ (se molestó) y se formó la jodedera. Le cayeron a pedradas al hotel Deauville, en la esquina de Galiano y empezaron los primeros tiros. Yo sé que ellos siguen diciendo que no tiraron; pero eso, como tantas otras cosas, es mentira. Sí tiraron”, afirma Boby.

“Pero lo más jodido vino después, porque la gente seguía saliendo de todos lados. De la Habana Vieja y hasta de Centro Habana llegaron y eran de todas las edades y colores, aunque la mayoría jóvenes, hombres y mujeres que se fajaban con la policía, volcaron contenedores de basura y seguían gritando de todo. Ahí fue cuando empezaron a llegar camiones con gente del contingente “Blas Roca” (empresa constructora) armados con cabillas (tubos de metal), palos, herramientas y le fueron pa’rriba a la gente. El ejército y la policía empezaron a detener a cualquiera”, recuerda Boby.
El “Gran Apaciguador” del Maleconazo de 1994
Cuando ya caía la tarde, cerca de las 17:00 horas, la agitación se iba calmando, aunque la gente permanecía en la calle. Es entonces que aparece Fidel Castro en la zona del Malecón en su caravana de jeeps soviéticos. Llega con el aire de dominante característico, a “imponer orden”. La marea cambia como por ensalmo y los gritos cambian, ahora dando vivas al dictador y su revolución.
“Asere, aquello parecía una película” – dice sarcásticamente Boby – “Gente que hasta hacía un rato echaban pestes del tipo, ahora estaban como si hubiera llegado un dios. Rodearon la caravana y el grupo con el hombre en el medio, atentos a todo lo que decía. Nosotros lo veíamos de lejos, porque cuando los constructores llegaron repartiendo golpes, nos fajamos un rato, pero luego salimos echando”.
Al día siguiente, Castro lanza un discurso en el propio Malecón donde, además de culpar a Estados Unidos de la situación, autoriza la salida sin restricciones a todo el que quiera irse del país por vía marítima y en lo que quiera. Se desata la llamada “Crisis de los balseros” del 94, que se salda con el éxodo de alrededor de 35 mil cubanos hacia el norte.

El Estrecho de la Florida se llena una vez más de miles de embarcaciones y rústicas balsas con destino al sur de Estados Unidos, por lo que el presidente William Clinton establece la política de “Pies secos/pies mojados”, que daba entrada a los cubanos que tocaran territorio norteamericano y retornaba a Cuba a los interceptados en alta mar. Aunque los interceptados son enviados a la base naval estadounidense en Guantánamo, desde donde más tarde, llegan por fin a Estados Unidos.
El Hartazgo que no Termina
Treinta años han pasado desde que el Maleconazo sacudiera al régimen cubano con su inesperada explosión, muestra del sentir de un pueblo que esconde su hartazgo ante la amenaza constante de una represión estatal como única respuesta a sus carencias y dificultades cotidianas. Nada ha cambiado, a excepción de los nombres al mando y las vías para escapar del país.
El régimen no ha podido frenar el éxodo, más bien lo ha favorecido, contando con la ayuda de sus aliados latinoamericanos, como Nicaragua que eliminó el visado para los cubanos, por lo que miles tomaron esa vía para cruzar Centroamérica rumbo a Estados Unidos; o simplemente haciendo la vista gorda a los que emigran hacia otros países.
Unos 425.000 migrantes cubanos llegaron a Estados Unidos entre 2022 y 2023. Otros 36.000 pidieron asilo en México entre enero de 2022 y noviembre de 2023. Sin contar los miles que emigraron a países como Rusia, Brasil, Uruguay, España. Según la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) 538,670 cubanos han llegado desde diciembre de 2021 hasta abril de 2024.
Las cifras actuales sobrepasan los éxodos del Mariel y la Crisis de los Balseros juntos, cuando más de 125.000 cubanos llegaron al sur de la Florida entre abril y octubre de 1980 y unos 35.000 durante 1994.
El 11 de julio de 2021, 27 años después de la multitudinaria manifestación habanera, Cuba fue escenario de otra expresión mucho más masiva, gracias a la difusión por las redes sociales, del descontento popular. Una protesta iniciada en San Antonio de los Baños, se extendió por decenas de localidades de la isla, con una represión mucho mayor, tras el llamado del presidente Miguel Díaz-Canel a sus adeptos dando una “orden de combate” para enfrentar a los manifestantes.
Cerca de mil manifestantes fueron detenidos, se desconoce la cifra real de heridos, lesionados y muertos, pero alrededor de medio millar de personas continúan presos, con condenas de hasta 24 años, a raíz de su juzgamiento por cargos de sedición, rebelión y subversión.
Según las cifras oficiales, las protestas del Maleconazo se saldaron con tres muertos, más de un centenar de heridos y cerca de 400 detenidos, aunque los números pueden variar en dependencia de la fuente. Las estadísticas del régimen cubano se caracterizan por no ser fiables, pero lo fácilmente verificable por videos y fotos que pudieron salvarse, y testimonios de participantes, es lo multitudinario de las manifestaciones.
El Maleconazo de 1994 en Cuba fue el primer grito de hartazgo multitudinario que el régimen escuchó, tras muchos años de opresión comunista y, en buena medida, fue un prólogo para una Historia que tuvo otro capítulo el 11 de julio de 2021, pero cuya continuación y final, aún están por escribirse.