Cuando el visitante de esta ciudad que amo; en la que nací y a la que siempre vuelvo; casi se pierde entre sus múltiples callejones y enrevesado entramado urbano, aparece de pronto la calle República, una peatonal con ínfulas de abarcar comercios y juntadas, pero que acoge desde 2017 un lugar convertido ya en ineludible para el Camagüey: Casa Madiba.

Tan llamativo como su nombre; el tribal del inmenso Nelson Rolihlahla Mandela; es el dueño: Amaury Vázquez Villalón, un descomunal negro de casi dos metros de estatura y atlética estampa, pero que conjuga en la misma figura el encanto y la bonhomía (para quienes lo queremos desde chamacos), con la letalidad de una pantera al asecho contra cualquier peligro, esto último quizás herencia de sus tiempos de guardaespaldas personal de George Clooney y otras personalidades de diversa índole en el mundo.

Tras andar dando tumbos conociendo el turismo y el mainstream, Amaury volvió a sus pagos, con ánimos de invertir en SU tierra, para lo que comenzó por reformar la vieja casona familiar y transformarla en un hostal. “Madiba porque es una dedicatoria fundamentalmente a mi abuelo, un panafricanista como yo… bueno, lo más correcto sería decir: “Yo como él””.

“Mandela siempre fue uno de sus íconos por todo lo que ha representado históricamente, fíjate, no solo para la izquierda. Por sus conceptos del perdón, de la resiliencia, estoy casi seguro, es el líder más importante del continente africano, por lo tanto, la Casa Madiba es una dedicación a mi abuelo y un homenaje a una persona como Nelson Mandela que representa para mí muchísimo”.

Empezar desde cero y derribando estereotipos

Ninguna obra humana se concreta sin el primer paso y mucho menos, sin quien lo de. En ese caso se inscriben Amaury Vázquez y Casa Madiba. Emprender en un lugar que; visto desde fuera y con ojos tiernos y hasta académicos; resulta cuna de cultura, donde desde sus tiempos de Villa (de las primeras siete fundadas por los españoles en la Isla) primó el hacer y el formar literario, musical, danzario, podría parecer una panacea. Sin embargo…

“Una de las consecuencias de haber hecho Casa Madiba en Camagüey tiene mucho que ver con lo mismo que le ocurrió a Mandela en sus luchas: enfrentar el prejuicio. Para nadie es secreto; creo que tampoco para ti; que Camagüey es considerada una de las ciudades más racistas del país y te soy honesto: cuando quise crear Casa Madiba, no tenía como objetivo ni objeto social el enfrentamiento a la discriminación racial. Eso aparece inexorablemente por los desafíos que enfrento en términos de prejuicios”.

“Tuve una lesión tumoral en el ojo derecho, me convertí en hipertenso… ¡Yo, que siempre fui un hombre saludable! Tuve que derribar barreras mentales – no sé si las derribé pero estoy en el camino – para que se conociera y que Casa Madiba obtuviera el prestigio que hoy posee”.

“Lidiar con esa cotidianidad del racismo en un territorio como Camagüey, ha sido muy difícil y creo que lo sigue siendo, quizás menos ahora que al inicio, pero lo sigue siendo. No sé si lo viste, recientemente tuve una polémica en redes con la Asociación “Hermanos Saíz” (agrupación de artistas jóvenes afectos al régimen) pero he aprendido mucho sobre el racismo y emprendido luchas contra este y la violencia de género”.

“Creo que Camagüey, con su elitismo cultural, el ballet, la poesía, ha olvidado que las fundamentaciones culturales de todas esas cosas que han caracterizado al territorio agramontino, han sido sobre la base de lo burgués y lo burgués, en Cuba, ha sido eminentemente racista y lógicamente, en esta ciudad, que un hombre negro, un hombre afro pudiera tener una sede, una estructura cultural para romper esos esquemas, me trajo muchísimas consecuencias en todos los sentidos”.

Desde sus inicios “Madiba” acogió actividades tan diversas como conciertos, bodas, conversatorios, cenas de aniversario personales y/o empresariales, eventos académicos. En su local puedes lo mismo saborear un típico Mojito Cubano que una cena italiana en toda su magnitud. Alojarse allí ya no es tan sencillo, por encima de cualquier crisis, sus habitaciones siempre son requeridas.

Más allá de un nombre, Casa Madiba permanece y crece

Las razones para el éxito de Casa Madiba van desde el gran número de amistades del propietario, hasta el innegable prestigio ganado por el local, todo fundado en su persistente hacer comunitario y contra todo tipo de discriminación. Más allá de quienes lo consideran “intruso”, este hermano de ébano no se achica frente al marfil mediocre.

“Asegurar una clientela en Cuba tiene matices ilógicos, es muy difícil. Yo creo que competir con la gastronomía cubana; que no es muy diversa; es difícil porque hay establecidos que venden lo mismo de siempre: congrí, bistec, yuca con mojo… la histórica comida criolla”, afirma Amaury.

“Lo que distingue la casa es su eje temático, las ofertas culturales, no solo desde el punto de vista danzario o de conciertos, sino del de las personas que se han presentado para sus conferencias y encuentros. Ha sido un centro DE PENSAMIENTO y cuando se habla de Cultura en Casa Madiba, no se puede hablar solamente de música, hay que hablar de IDEAS. Por aquí han pasado Calviño (Dr. Manuel Calviño, psicólogo mediático cubano), representantes de Casa de las Américas y la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

“Creo que ese ha sido y seguirá siendo el eje que ha garantizado sobrevivir, porque otros emprendedores, propietarios, garantizan la comida, el bar, quizás incluso hasta la música, pero ninguno como Casa Madiba (perdón por la inmodestia) ha logrado sintetizar dentro de todo ese núcleo, además, el factor pensamiento. Por acá pasaron conferencistas, críticos de arte y otros que mostraron sus puntos de vista, resultando muy interesantes a una población que quiere ir más allá del tema plato y cuchara”.

Casa Madiba, entre ilustres visitantes y queridos recuerdos

Garantizar lo que nutre y llena más que el mero plato, es lo más difícil. La oferta cultural que satisface y ayuda a pensar aun en medio del opíparo banquete, lo hace más llamativo. Punza más a quienes adolecen del chance y envidian el éxito ajeno, mientras les hinca el ojo siquiera verlo. Y en la casona de República 479 entre San José y San Martín, se sabe que llegar es una fiesta garantizada, de la que es difícil despedirse.

Además del alojamiento cómodo, el patio acorde para cualquier celebración y las múltiples ofertas culturales, si algo distingue a Casa Madiba es su extensa y siempre creciente galería fotográfica de personalidades que la han visitado o, incluso, de la época en que Vázquez se desempeñaba como guardaespaldas.

Aunque el protagonista no es muy dado a hablar de esas imágenes, sí se explaya en la historia de quienes reflejan. Desde el recordista mundial de Salto de altura Javier Sotomayor, pasando por integrantes del archifamoso equipo de voleibol femenino cubano, conocido como “Espectaculares Morenas del Caribe”, hasta escritores, artistas plásticos, catedráticos, forman parte de los eternizados en las paredes de Casa Madiba.

Y el visitante puede, bajo el arrullo en creole proveniente del patio, de las voces del coro “Desandann” deleitarse con un ron cubano, mientras paladea un habano y pasea por alfombras rojas, eventos de relieve o reconoce caras del cine y las artes mundiales en fotos, donde el acompañante; ahora afable y bonachón a su lado; lo mira con rostro severo y concentrado desde la imagen, en sus tiempos de Seguridad Personal.

El Club del habano, un placer cubano como pocos en Casa Madiba

Es casi ineludible el tema del habano con Vázquez, porque no solo son muchísimas las fotos en las que aparece con uno en sus manos, también hay un espacio en Casa Madiba para los que gusten paladear esa parte de la cubanía, conocer sobre ella, con la guía de un verdadero conocedor.

“Te soy honesto, cuando viví en Italia el tabaco era un puente, un instrumento, una herramienta para relacionarme con mis raíces, mis orígenes. En mi trabajo como seguridad personal pasé muchas horas aislado, muchas horas solo. El sentir el olor del tabaco, el perfume, la colonia cubana, pues no te niego que me sacó algunas lágrimas de vez en cuando”, confiesa Amaury con un dejo de nostalgia en la voz.

“El tabaco sigue siendo; ahora que ya vivo en Cuba; un puente. Los habanos son de las cosas más cubanas, hermano, que nos caracterizan y, lógicamente, en Casa Madiba (como gran defensora de la identidad) he escogido el tema habano como parte de su anatomía y estoy muy contento”.

“Fumo mucho tabaco y he conocido no solo el placer que emana de fumarlo, sino de toda la historia Patria que es hermoso conocer, del tabaco, los habanos, los humidores… y todo lo que significó el tabaco para nuestras luchas”, certifica Vázquez.

Casa Madiba, con el éxito a cuestas y apoyada en los afectos

Hoy Casa Madiba está en varias páginas y múltiples guías turísticas. Sus servicios son bien categorizados y el número de participantes en sus eventos, crece. Vázquez dice: “El ébano no necesita que el mediocre le niegue la belleza que ya posee . Los celos y la envidia sí necesitan la complicidad del poder para intentar negársela. El artista verdadero descubre, sin esfuerzos, la maravilla donde los ojos del prejuicio solo ven dificultad”.

A la pregunta de ¿Por qué en Camagüey?, Amaury dispara: “Yo creo que si lo hubiera pensado bien no hubiera sido nunca aquí, pero… siendo fiel a mi historia, Camagüey es el lugar donde nací (nacimos), donde; de manera inocente creí que encajaría… (pausa con dolor contenido) Nadie es profeta en su tierra, nadie lo puede entender como yo”.

“Si se hubiera hecho este proyecto en otra ciudad menos elitista que la “Ciudad de los Tinajones”, mi camino hubiera sido un poco más exitoso. Estoy convencido y te lo digo en base a los obstáculos que tuve pero… el tema de la cuna… tú lo sabes bien, porque siempre regresas… uno siempre regresa a sus raíces y yo creo que le doy más valor a los afectos que a las estrategias”.

¿Por qué luego de haber trabajado con tantas personalidades y conocido mundo establezco un negocio en Camagüey? Creo que si hubiera tenido la lucidez suficiente para haberme respondido esa pregunta, justo en el momento que me la formulé, no estaría aquí”.

Quizás no hubiera encontrado lo que hace interesante históricamente entre lo que hice y lo que hago, hermano. No hay un porqué y si lo hay, habría que buscarlo en el “desastre” que significan, en el desorden que traen, los afectos (que creo nos caracterizan a todos como humanos). Sin esos afectos yo no hubiera regresado…