“Y que aventurera que se ha puesto la juventud. Le da lo mismo Tokio, Barcelona que Moscú”, reza “Catalejo”, canción de 2008 del dúo cubano Buena Fe. Se estima que hay unos tres millones de cubanos viviendo fuera de Cuba, en alrededor de 140 países.
En mi caso personal, conocí a una mulata sudafricana mientras le enseñaba mi ciudad natal, La Habana, y me enamoré. Tengo dos hermosos hijos resultado de ese amor. Al ser la madre ciudadana del país austral, los bebés adquirieron automáticamente su nacionalidad. Sin embargo, existen historias muy diferentes…
Una cubana-sudafricana sin patria durante años
Conocí a Daniel Lima, su esposa Kenia y su hija Daniela en mi último viaje a Ciudad del Cabo, en diciembre de 2024. Me dio tremenda alegría. Hasta ese momento solo había interactuado con una compatriota en el año y medio que llevaba en la patria de Mandela.
Kenia vino a Sudáfrica en 2005 a trabajar en Ciudad del Cabo. Formó parte de un programa para ingenieros de asesoría en la construcción de viviendas de bajo costo. Daniel vino a visitarla el siguiente año. En 2008 nació su hija.
La hermosa niña vino al mundo con un único problema: nació sin patria. Sus padres fueron clasificados por el gobierno cubano como “emigrados permanentes” y se negaron a otorgarle la ciudadanía cubana a Daniela.
Las leyes sudafricanas establecen que cualquier persona nacida en el país deviene ciudadana si su nacimiento se registró aquí y no posee ninguna otra ciudadanía. Sin embargo, el Departamento de Asuntos Internos (Home Affairs) sudafricano se negó también en un principio a otorgarle la ciudadanía.
No tener patria significa no disponer de documentos de identidad. Esta condición impactaría negativamente en el futuro a la hora de disfrutar del derecho a la educación, para abrir cuentas bancarias, entre otros servicios sociales y derechos de los que normalmente disfruta un ciudadano sudafricano.
“Nuestras vidas se mantuvieron en pausa durante muchos años. No podíamos salir de Sudáfrica [con] la niña [pues] no tenía papeles”, declaró la madre al periódico local Cape Times en 2014. “Perdimos oportunidades de trabajo”, añadió.
Daniel y Kenia se auxiliaron de abogados de derechos humanos y llevaron el caso ante la justicia. Finalmente, en 2014, la Corte Suprema de Apelaciones le ordenó al ministro de Asuntos Internos emitir el certificado de nacimiento sudafricano a Daniela. No obstante, no fue hasta agosto de 2025 que finalmente le otorgaron un número de identificación.

Durante los largos años en los que Daniela oficialmente no tuvo patria, Kenia jaraneaba con que la niña era cubafricana. El hecho es que la niña siempre fue sudafricana pues nació y creció en la tierra de Desmond Tutu. En cuanto a la isla, no fue hasta 2019 que Daniela pudo obtener la ciudadanía cubana.
Cubanos emprendedores en Ciudad del Cabo
La primera vez que escuché esta conmovedora historia me tomaba un delicioso café en El Greeyo, Brickfield Road, Salt River, Ciudad del Cabo. Eran los días navideños de 2024. Ya iba por mi tercer viaje a esta ciudad espectacularmente bella, por sus paisajes, su arquitectura y su historia.

Puerto de Ciudad del Cabo, Sudáfrica
Daniela, altísima y ya con 16 años, me contó que jugaba volibol con el equipo local contra otras provincias. Kenia, por su parte, había iniciado su vida laboral en Sudáfrica en el programa para ingenieros que la trajo al país austral en 2005.
Sin embargo, más adelante, durante 18 meses, tuvo que enfrentar un juicio laboral. Había interpuesto una reclamación debido a un despido arbitrario al que fue sometida. Finalmente ganó el pleito. Luego se incorporó a una empresa de prefabricados en la que diseñaba estructuras. Hoy imparte conferencias sobre ingeniería civil en la Universidad Tecnológica de la Península del Cabo.
Daniel, por su parte, empezó trabajando para una empresa de mercadotecnia. En 2012 ambos decidieron fundar un negocio propio, El Greeyo, y es a lo que él se ha dedicado hasta hoy.
El Greeyo produce y comercializa un exquisito café. Además, ofrece servicio de gastronomía y coctelería, con refrescantes mojitos y otros cocteles cubanos. Dispone también de un espacio para fiestas cubanas.

Cuba en el corazón
Kenia me cuenta que insertarse en la sociedad sudafricana ha sido complicado. Se trata de un país multicultural con 11 lenguas oficiales (12 con la lengua de señas sudafricana). Se conoce como la Nación Arcoíris. Esta diversidad los enriquece, pero presenta a la vez retos debido a cierto grado de aislamiento cultural y racial que se mantiene.
Comenta Kenia, en entrevista para esta crónica, que “los cubanos somos una rica mezcla cultural difícil de encapsular en una raza o religión”. Añade que la manera abierta y amistosa que tenemos nos facilita hacer amigos. No obstante, no siempre es fácil en Sudáfrica debido a su relativo aislamiento cultural y modos de relacionarse.
Kenia se expresa con orgullo sobre la cultura cubana. También manifiesta tristeza por el panorama actual en la isla. “La situación en Cuba es desesperada, la mires desde la diáspora o desde la posición de nuestros familiares y amigos que dejamos en la isla” –comenta.
“Dejamos en Cuba lo más amado: nuestra familia. Hay un solo dolor, un solo desgarramiento. Yo no veo dos grupos de cubanos. Somos un pueblo que sufre dentro y fuera de la isla. Es hora de ponerle fin a tanta desgracia. Abogo por la unidad de todos contra el mal mayor, que es el desgobierno de nuestro país” –añade.
Y prosigue: “el futuro es de lucha por cambiar los estereotipos y la mente de todos. Hay que darles mérito a los influencers. A veces a golpe y porrazo, pero otras dialogando, educando y mostrando la verdad, tan bien escondida a menudo por la tiranía castrista, han contribuido a la reflexión, a la comprensión sobre la necesidad de que todos nos involucremos de una forma u otra en el destino de nuestra patria.”
Y concluye: “queda mucho por hacer, mucho por cambiar en todos. Necesitamos unidad en torno a la cubanía. Las tácticas de Fidel Castro y sus seguidores siempre han sido ‘divide y vencerás’. De ahí que su sistema cederista de vigilancia haya sido tan efectivo para mantenerse en el poder. Hasta hoy nos tienen divididos en bandos, cuando en realidad deberíamos colocarnos todos contra esa minoría opresora”.
Conversadores, jaraneros, amables, generosos, Daniel y Kenia han transitado un largo camino lejos de Cuba, sorteando numerosos escollos a lo largo de años. Daniela los llena de felicidad mientras disfrutan del éxito de El Greeyo, acogedor espacio de cubanía a más de 12 000 kilómetros de la isla antillana.