Nunca hablo públicamente de mi trabajo ni de sexo. Hoy lo haré. Comenzaré por decir que me dedico al SEO, acrónimo que, aunque posee tres de las cuatro letras de la palabra sexo, no tienen que ver en principio. Se trata de optimización en motores de búsqueda, por sus siglas en inglés. Básicamente, consiste en investigar las palabras claves que la gente usa para buscar cosas en internet, para luego trazar estrategias de marketing digital que te posicionen entre los primeros resultados en esas páginas de búsquedas; y ahora se suma también la inteligencia artificial.
Sucede que esas búsquedas o consultas, a veces se convierten en tendencias. Ahora mismo, por ejemplo, puse en Google la palabra rae, y el robot asume que quiero ver fotos de una belleza hasta hoy desconocida para mi llamada Addison Rae. No me lo van a creer, pero fui directo a la página de la Real Academia Española, la de los viejitos con corbata. En fin, se trata muchas veces de identificar tendencias que reflejan los intereses de una audiencia específica.
Y ahora viene lo bueno. Trabajando con amigos en un proyecto de revista online para cubanos, me encuentro que, entre las más populares tendencias de búsquedas realizadas por nuestros compatriotas en internet, se encuentra el cine para adultos con cubanas, para decirlo con corrección política. No tendría por qué sorprender a nadie, pero aún así se lo comento a ellos y a mi mujer como dato curioso.
Entiendo que ver videos de adultos ─vuelvo a ser políticamente correcto─ como cualquier drogadicción, es pura fantasía, pero también una especie de viaje. La búsqueda de “sexo con cubanas”, una de las frases claves más usadas, debe provenir bastante de cubanos emigrados. [Las ubicaciones geográficas de donde provienen las consultas se pueden conocer, pero no es mi interés investigar eso.] Asumo lo de los emigrados por cuestiones obvias de acceso a internet, y porque además debe ser muy desmotivador que te quiten la corriente con Manuela a mitad de camino.
Como cubano emigrado común y corriente, puedo decir que coger un peo con Budweiser es exactamente lo mismo que con Bucanero, pero no se siente igual. Y me atrevo a asegurar que el cubano-americano toma Bacardí, no porque sea el mejor ni el más barato de los rones, ni porque tenga el recuerdo organoléptico, sino por un sentimiento de paraíso perdido, de lo que pudo ser… o algo así como q todo tiempo pasado fue mejor. Y vaya verdad en el caso de Cuba.
De la misma manera debe sentirse un viaje virtual de esos. Para un cubano que busca evadirse en internet debe sentirse mejor el escaparse con una cubana. ¿Realidad o fantasía lo de Mia Khalifa influyendo en la víspera del #11J? No tengo una respuesta, pero, gratitud aparte por llamar singao al singao de Díaz-Canel, reconozco que la superactriz no tiene la sabrosura de una mulata nalgona de Santo Suarez, ni la candela de cualquier jabá de Las Villas; y asimismo apuesto que ninguna rubia tejana se va a mover como una blanca holguinera que, aunque “pomba” de ojos azules, trae el guaguancó a flor de piel.
Musicalmente hablando, recuerdo que hace años le comentaba a una amiga antropóloga de Argentina, que el guaguancó es como una representación bailable del cortejo carnal, mientras el tango es como una representación bailable de un matrimonio, a veces no se sabe si la están pasando bien o están discutiendo. Nah, era broma, por supuesto, el tango es una belleza, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, como la rumba cubana y el bolero. Como aquel bolero que bien podría sonar de fondo al cubano que observa en pantalla la sabrosura de una criolla y se agita al compas apasionado de un “¡Contigo en la distancia, amada míaaaaaaa!»